Los Pirineos son una de las fronteras más mágicas de este planeta.

Barrera natural que separa a Francia y España, y que acoge un encantador país como Andorra, cada rincón es todo un despliegue de naturaleza y tradición.

Pero si nos movemos unos kilómetros a su alrededor, podemos encontrar trasladado todo este encanto rural en ciudades que resumen lo mejor de ambas culturas.

Así, un billete de tren entre Francia y España es un billete con el que atravesar dos mundos que se intercalan entre montañas. ¿Qué podemos ver y disfrutar en ambos lados de los Pirineos?

 

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Carcassonne

Villa del sur de Francia imprescindible de cualquier ruta por la zona que se precie.

Su ciudadela medieval es famosa en el mundo entero por conservarse tal cual, sin rastro del paso del tiempo e imponente en el cerro que le sirve de vigía a la ciudad.

Si tenemos la ocasión de elegir fecha, julio es el mes indicado para visitar la capital del Aude, Occitania.

Es en este veraniego mes cuando se celebra el prestigioso Festival Medieval, donde la Cité (ciudadela) despliega sus encantos y su anfiteatro para albergar más de 250 obras y conciertos al aire libre.

No obstante, cualquier fecha del año es la indicada para disfrutar entro otros planes un paseo por la ciudad nueva donde disfrutar de los vinos y la excelente gastronomía del Languedoc-Rosellón, o del espectacular canal du Midi: una proeza de la ingeniería que une mediante un canal artificial Toulouse con el Mediterráneo.

Figueres

Al otro lado de los Pirineos, en todo momento presentes como escenario de fondo, encontramos la monumental ciudad de Figueres.

La capital del Alto Ampurdán es famosa por ver nacer al gran Dalí, a quien le debe entre otras cosas un espectacular museo que nos envuelve en el surrealismo del genio convertido en mito.

Pero no sólo del pintor vive esta hermosa ciudad: el castillo de San Fernando, el de mayor planta de toda Europa, su viva Rambla, el museo del Juguete y sus teatros rodeados de calles empedradas son otros de los tantos atractivos que nos espera a unos minutos de la costa.

Narbonne

Cruzamos de nuevo la mágica frontera pirenaica para adentrarnos nuevamente en la región occitana de Aude, donde nos espera su ciudad más poblada y probablemente más monumental: Narbona.

A orillas de un ramal del canal del Midi, el canal de la Robine, encontramos joyas como su inconclusa catedral (lo cual no le impidió llegar a ser la tercera más alta del país), la antigua y romana Vía Domicia, el mercado Les Halles, al estilo parisino, el palacio de los Arzobispos y el Horreum Romano.

Girona

Terminamos esta ruta a ambos lados de los Pirineos regresando al lado español, donde nos espera la capital de la provincia donde se encuentra la Costa Brava.

En Gerona nos encontraremos con una ciudad atalaya, desde donde divisar no solo la cadena montañosa que ha inspirado esta ruta, sino también los montes y campos que poco a poco se asoman al mar.

Dentro de este privilegiado mirador nos espera la Catedral de una única nave más grande del mundo (sobre una enorme escalinata que nos da pistas de su grandeza), un barrio judío lleno de callejuelas con encanto, el río Oñar salpicado de puentes monumentales (uno de ellos diseñado por el afamado Gustave Eiffel) y unas murallas desde las que pasear por sus camino de ronda mientras decidimos en qué taberna hacer parada para degustar la exquisita gastronomía de la zona.