Llega el verano y con él empiezan a surgir las dudas de cómo pasar unas vacaciones inolvidables.

Hay quienes optan por ir unos días a la playa para descansar y desconectar de todo el estrés generado durante el año y otros, entre los que me incluyo, aprovechan cualquier oportunidad para hacer las maletas o la mochila y emprender un viaje a lo desconocido.

Una de las opciones que más os remiendo para viajar, y que además está muy de moda en verano, es hacer el Interrail.

Hay a quien este tipo de turismo no le acaba de convencer pero lo cierto es que es una de las maneras más económicas de viajar.

Al final, como en todo, para gustos siempre hay colores.

Lo bueno del Interrail es que te permite viajar a varios países por poco dinero y en un rango de tiempo aceptable.

Es cierto que 2, 3 o 4 días por país no dan para mucho pero tampoco una semana, que es el tiempo que se suele emplear cuando organizamos un viaje con más comodidades.

Además, si la idea de viajar por varios países en poco tiempo no te convence demasiado también existe la posibilidad de hacerte con un pase para un único país, lo que te permitiría conocer un poco más en profundidad diferentes lugares y una cultura distinta a la tuya.

Por si esto fuera poco, los menores de 27 años y los mayores de 60 cuentan con descuentos especiales, lo que hace todavía más económico el vivir esta aventura.

Como veis, todo pinta estupendo pero, como todo en esta vida, también tiene sus partes negativas.

La mayor, y la que generalmente acaba por echar por tierra los planes de decantarse por este tipo de turismo, es la organización.

A lo largo de estos años me he encontrado con una infinidad de personas que, por no ponerse de acuerdo en qué ruta escoger o qué países visitar, han tirado la toalla y terminan por hacer otro tipo de viaje.

Para todos ellos hoy traigo la solución a sus indecisiones: una ruta en Interrail por los lugares más literarios de Europa.

Como no podía ser de otro modo empezamos en España, destino destacado en este 2017 en la página de Interrail.

En nuestro país tenemos infinidad de destinos literarios aunque no muchos los conocen.

En Aragón, concretamente entre Zaragoza y Huesca (hay trenes tanto a uno como a otro destino desde la grandes ciudades) se encuentra Monegros, una región caracterizada por un clima desértico.

No es un lugar que uno iría a visitar si no supiese que en él se encuentra la Ruta George Orwell.

El autor de obras tan importantes como 1984 o Rebelión en la granja estuvo en el frente en Alcubierre y recogió sus experiencias en Homenaje a Cataluña.

En su honor se creó esta ruta por las trincheras en las que estuvo Orwell, en la que se han incluido además paneles informativos y fotografías del propio escritor.

Sierra_de_alcubierre
De vuelta a Zaragoza podemos coger un tren a Barcelona que nos dejará en apenas dos horas en la capital catalana.

Allí podemos movernos en transporte público para llegar a Santa María del Mar, la basílica en la que está basada la obra La catedral del mar de Ildefonso Falcones y cuyo salto a la pequeña pantalla  ya está en marcha.

Esta construcción también forma parte de la tetralogía creada por Carlos Ruiz Zafón, El cementerio de los libros olvidados.

En concreto la basílica aparece en el primer volumen, La sombra del viento, al igual que otros lugares barceloneses como el asilo de Santa Lucía o el Xampanyet.

Santa_Maria_del_Mar_5
De Barcelona nos vamos a París, una ciudad que tiene tanto que ver que sería imposible hacerlo en un solo viaje.

La Ciudad de la Luz ha sido siempre el punto de encuentro de artistas, escritores y pensadores de la talla de Picasso, Dalí, Hemingway, Baudelaire, Dumas o Victor Hugo. 

Es por ello por lo que en esta visita literaria podemos elegir entre dos opciones: visitar los lugares en los que estos artistas estuvieron o bien hacerlo a los lugares en los que están ambientadas sus obras.

Si os decantáis por la primera os recomiendo que os paséis por el Café de Flore, en el VI distrito de París, punto de reunión para muchos de estos personajes en su época.

En su interior, o en su terraza si hace buen tiempo, podréis emular a Sartre o Simone de Beauvoir en sus charlas filosóficas o a nuestros genios de la pintura Picasso y Dalí.

También Hemingway era un habitual de este pequeño café.

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Desde allí os podéis desplazar hasta la Maison de Balzac, en la ladera de Passy, que es la única residencia del escritor en la capital que se mantiene en pie en la actualidad.

En ella, Balzac realizó las correcciones de La comedia humana además de escribir alguna de sus obras más famosas.

La casa es a día de hoy un museo por lo que cuenta con objetos personales de Balzac, grabados, cuadros e incluso con originales, ilustraciones y manuscritos del propio escritor.

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La casa de Victor Hugo también es otro punto de interés. Situada en el centro del barrio del Marais, en la plaza de los Vosgos, la casa de este escritor ha sido reconvertida en la actualidad, al igual que la de Balzac, en museo.

El famoso novelista habitó la segunda planta de esta mansión y fue en sus habitaciones donde escribió gran parte de Los Miserables y algunas de sus obras más importantes.

El museo ofrece una visita guiada que está organizada en tres etapas diferentes: antes, durante y después del exilio de Victor Hugo en Guernsey.

Os sorprenderá la decoración de este segundo piso al igual que el mobiliario de la casa.

En el caso de que os decantéis no tanto por los lugares que pisaron estos escritores sino aquellos que habitaron sus personajes, os recomiendo que os desplacéis hasta el Museo de Historia Natural donde trabaja uno de los protagonistas de La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr.

Es en este museo donde se guardaba (o no) la preciosa piedra que perseguían los alemanes y donde Marie-Laure pasaba horas y horas leyendo.

Y de un museo a otro, porque la siguiente parada es el Museo del Louvre donde Robert Langdon, el protagonista de El código Da Vinci acude en busca de información para descubrir los secretos del Priorato de Sion.

La película, basada en el libro de Dan Brown, tuvo tanto éxito que el propio museo ha seleccionado 10 obras que ver para los más fanáticos de la saga.

 

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A estas rutas habría que sumarle el paseo imperdible por las calles del París antiguo, tal y como lo hizo Hemingway en París era una fiesta o Jean-Baptiste Grenouille en El perfume.

De París cogemos el tren para ir a Estrasburgo, una de las ciudades europeas más importantes por lo que representa.

Desde allí nos iremos hasta una pequeña zona limítrofe con Francia en la que se encuentra una de las joyas más preciadas de Alemania: su Selva Negra.

Detenerse en esta región digna de un cuento de hadas es una obligación si viajas desde Francia a Alemania o inclusive si solo vas a estar un par de días en el país galo antes de iniciar de nuevo el recorrido europeo.

Esta región alemana está a pocas horas de Estrasburgo lo que la hace especialmente turística.

Si la región de la Selva Negra es de cuento, una de sus ciudades, Baden-Baden, es de auténtico libro.

En concreto de uno de los libros más famosos del gran novelista ruso, Fiodor Dostoievski.

El escritor centró su obra El jugador en el que está considerado por muchos como el casino más bonito del mundo, el de Baden-Baden, en el que el propio Dostoievski pasó horas y horas ya que era un gran amante del juego.

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Es recomendable volver a Estrasburgo para poder tener una mejor conexión de tren.

En el caso de querer seguir hacia Alemania, es importante destacar que no hay ningún tren dentro del programa Interrail válido ya que son demasiado caros.

En este caso tendríais que viajar hasta Bélgica y desde allí a Berlín, por ejemplo.

Pero la ruta que os propongo pasa por uno de los países más bonitos de Europa: Italia.

Desde Estrasburgo podemos coger un tren directo a Roma, en la que los más románticos pueden pasear por Via Corso, el Ponte Milvio o tomarse un increíble helado en la heladería Alaska, tal y como lo hacen los personajes de las novelas de Federico Moccia.

Desde la capital de Italia viajaremos a la capital del Renacimiento, Florencia.

Famosa por ser una de las ciudades con más encanto del mundo, Florencia fue la cuna de grandes artistas de la historia, entre los que destaca el escritor Dante Alighieri.

La figura de este escritor fue tan importante para la ciudad que actualmente existen numerosos tours que van desde el hogar del artista hasta su supuesta sepultura en la Basílica de Santa Croce, pasando por la Piazzetta del Limbo (descrita en un poema), la iglesia San Pier Scheraggio, en la que Dante asistió a diferentes reuniones como personaje público de la época, o la iglesia de Santa Maria Maggiore en la que se encuentra la tumba de Brunetto Latini, el maestro de Dante.

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La última gran parada en Italia la tenemos en Verona.

La verdad es que no se me ocurre mejor manera de terminar este Interrail literario que con una de las obras cumbre de la literatura: Romeo y Julieta, de William Shakespeare.

En esta pequeña ciudad empedrada del norte de Italia se desarrolla la trágica historia de amor de estos dos enamorados de familias rivales.

En la Piazza delle Erbe se encuentra la casa de Julieta, un palacio de origen medieval en el que popularmente se sitúa el hogar de la familia Capuleto y que es uno de los grandes atractivos de la ciudad.

Hasta allí acuden cada año cientos de turistas para escribirle una carta a la bella enamorada esperando que sus plegarias amorosas se resuelvan, tal y como sucede en la famosa película, Cartas a Julieta.

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